Orígenes del Colegio Rudolf Steiner de Florida

Los comienzos

La escuela nace de la conjunción de las voluntades de tres personas llegadas de Europa: la euritmista y maestra Waldorf noruega Eli Lunde, la docente alemana en Ciencias Domésticas y Agrarias Ingeborg Knaepper, y Herbert Schulte Kersmecke, también alemán, versado en arquitectura y antroposofía. Los tres llegan a Buenos Aires en 1938 y se encuentran en diciembre de ese año en la representación de la “Pastorela” navideña que organizaba la señora Annelotte Lahusen en el marco de los inicios del movimiento antroposófico en la Argentina. Según testimonio de la familia López, al poco tiempo, Ingeborg y Eli le alquilan a dicha familia una pequeña vivienda ubicada en Warnes 1546.

Representación de la “Pastorela”.

La casa de Warnes 1546, donde Ingeborg Knaepper y Eli Lunde comenzaron con el primer jardín de infantes.

Allí, en su casa, con algunos cajones de manzanas a modo de mesas y sillas, las dos mujeres comienzan con un grupo de juegos en alemán al que asisten regularmente tres a cinco niños, dos de ellos hijos de la familia Wölcken (faltan datos exactos sobre los demás). Además de las clásicas rondas, los juegos y los cuentos, Eli reunía a los niños los domingos por la mañana en una pequeña ceremonia religiosa, e Ingeborg comenzaba con sus más tarde famosas funciones de teatro de títeres los sábados por la tarde. Lieselott Wachmann tiene aún vívidos recuerdos de esa época:

«El anuncio de fundación se hizo en mi casa en Beiró y Vergara. Un mediodía, a mediados del año 1939, pasó por casa la señorita Knaepper que trabajaba en un colegio alemán en Colegiales y dijo que la habían despedido. ‘Me echaron y ahora empiezo con un jardín de infantes, yo empiezo con mi jardín’…Tante Ingeborg era la maestra, Fräulein Lunde la asistía en las manualidades y la señora Wölcken, mamá de uno de los alumnos, hacía euritmia con los chicos. Yo tenía 16 años y estudiaba magisterio y durante el verano los ayudaba con el cuidado de los niños. Así se fue gestando primero el jardín y supongo que después la escuela, en la misma habitación de la señorita Knaepper. Yo los visitaba una vez por semana y daba una clase con todo entusiasmo… Era gente venida de distintos lugares del mundo, era la época de la inmigración. De alguna forma querían desarrollar aquí ese núcleo social, cultural, que habían tenido en otro lado. No se puede negar que ellos tenían el mérito y la fuerza de traer el método Waldorf, me acuerdo de que, al principio, si sobraban unos pesos, se repartían entre todos. En el impulso fundador lo económico está puesto al servicio del proyecto.»

A mediados de 1940 se suma a las dos mujeres Herbert Schulte Kersmecke, que ya reunía a su alrededor un grupo de interesados en el trabajo antroposófico. Ese trabajo antroposófico, compartido con muchos de los padres del pequeño grupo de niños, motivaba y sustentaba la labor educativa desarrollada. Lógicamente, los padres buscaban dar continuidad a esa educación. Dentro de la restringida disponibilidad de espacio y docentes, se fueron agregando paulatinamente los tres primeros grados. Extrañamente, esa enseñanza «espontánea» en idioma alemán, con todo, autorizaba a los alumnos a pasar luego a otras escuelas con los primeros grados aprobados.

Ingeborg Knaepper (a la derecha) con sus niños en el jardín de la nueva casa en Warnes 1322.

La casa con un gran terreno en Warnes 1322, a la que se traslada la escuela en 1944. Fotografía: Sameer Makarius

Eli Lunde daba sus clases con niños de diferentes edades, todos sentados alrededor de una mesa redonda. Cuando el número de niños llegó a 20 alumnos regulares, surgió la necesidad de un aula más amplia.
El matrimonio de Annelotte y Hanno Lahusen, que participaba del trabajo antroposófico de Schulte Kersmecke y enviaba a sus dos hijas, Marianne y Verena, al colegio, financió los primeros déficits. Llegado el momento, también colaboró en el alquiler de una casa más amplia, sobre dos lotes en Warnes 1322, en la esquina con Urquiza.

Nuevo edificio

La casa era de dos pisos, algo angosta, con un gran jardín en la esquina con la clásica palmera y un níspero. La mudanza ocurrió en el año 1944 y el número de alumnos fue creciendo rápidamente. Cuando Tante Eli no pudo dar abasto con los alumnos de 1° a 3° grado, solicitó la colaboración de Úrsula Arndt, quien también se había acercado al trabajo antroposófico de Schulte Kersmecke y realizaba tareas administrativas en el incipiente colegio. El equipo docente se componía entonces de Tante Ingeborg en el jardín de infantes, Eli y Úrsula a cargo de los primeros tres grados. Además, colaboraban Else Wölcken, que daba clases de flauta y clases de euritmia (con Silvia Weiss al piano) y Schulte Kersmecke, que enseñaba carpintería.

Oficialización del colegio

En medio de tanto entusiasmo pionero, ocurrió lo inesperado. En 1953, un vecino, molesto por la bulliciosa actividad, hizo una denuncia municipal. Hasta entonces, el colegio carecía de habilitación. A tal punto que, cuando en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Ministerio de Educación clausura todos los colegios alemanes, éste fue omitido ya que no se encontraba registrado en ninguna nómina.
La denuncia hace aflorar un enfrentamiento que existía entonces y que persistió hasta llegar a una crisis en el año 1967. Un grupo de padres (Vollmar, Schneider, Udewald y Lahusen) favorecía la oficialización del colegio. En lo pedagógico, incorporar el colegio a la enseñanza oficial permitiría regularizar la enseñanza que se impartía a los alumnos; en lo económico, permitiría acceder a la ayuda que ofrecía el estado alemán, en especial a los colegios Waldorf, como compensación por la persecución sufrida durante el régimen nazi.

Schulte Kersmecke junto a Ingeborg Knaepper, Eli Lunde y otro grupo de padres se resistían a la institucionalización, ya que según los principios de la trimembración social, el ámbito de la cultura y la educación debía ser independiente, por ello libre de subsidios estatales.

El nuevo edificio del colegio, construido en 1958 como ampliación de la casa existente en Warnes 1322.

Klaus Bertram recuerda:

«La denuncia del vecino obligó a la formalización del colegio y para ello se tuvo que crear una Asociación. Lideró el proyecto el Sr. Vollmar, arquitecto alemán, abuelo de Olaf y Erich Christiansen, alumnos del colegio. El gobierno alemán rápidamente concedió el dinero para comprar la casa, que inicialmente fue inscripta a nombre de Vollmar, hasta la definitiva constitución de la Asociación Educadora. El Ing. Udewald, empresario textil, padre del colegio, apeló a contactos políticos y obtuvo una habilitación precaria, prometiendo regularizar la inscripción. Los estatutos se hicieron en el año 1957 y se incluyó a los maestros como asociados de la Asociación Educadora y además como vocales de la Comisión Directiva. Era la época de Frondizi y fue un logro de mi suegro Hanno Lahusen”.

Al ser oficializado, el colegio adopta el nombre “Paula Albarracín de Sarmiento”. Como colegio privado autorizado, a fin de año los niños debían rendir examen ante autoridades de una escuela estatal. En 1958 se pide autorización ante el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires para «aplicar el sistema pedagógico del Dr. Steiner» (expediente N° 2.600-58570-58) y se celebra la primera Asamblea General Extraordinaria de la Asociación. Los trámites culminaron con la incorporación a la enseñanza oficial en 1963.

Continúa Klaus Bertram:

«La compra de la esquina de Warnes y Urquiza se hizo con ayuda del gobierno alemán, la construcción la financió Anne Lahusen y en febrero de 1958, cuando los maestros volvieron de sus vacaciones de verano, encontraron que ya se había cavado el pozo y comenzado la construcción del futuro salón de actos. En diciembre de ese año se representó allí la Pastorela, donde actuaba un grupo de padres y docentes».

Los planos para ese primer edificio de arquitectura orgánica fueron hechos por Herbert Schulte Kersmecke.

A mediados de la década del 50, el número de alumnos ya asciende aproximadamente a 70. El cuerpo docente debe crecer correspondientemente:
En 1954 ingresan Annemarie Oehring y Christl Kutschmann, provenientes de Alemania. Fräulein Oehring, nacida en Paraguay en 1922, formada como docente y maestra Waldorf en Alemania, se hace cargo de un grado a su llegada. Christl Kutschmann ingresa como profesora de gimnasia y recién más tarde se forma en pedagogía Waldorf en Alemania, para luego tomar un grado como maestra. En 1954 también ingresa Sonia Ross y en 1956, María Csenger y Loli Hess, en 1957 Lieselott Wachmann y Gisela Lorek. La primera maestra argentina que se va a formar en el método Waldorf es Gisela Dull, regresando en 1961.

En los primeros grados, gran parte de la enseñanza se daba en alemán. Recién en los grados superiores se seguía en parte el programa «oficial». Para ello, los cursos por lo general cambiaban de maestra después de cuarto grado.

En un comienzo, las docentes argentinas recién incorporadas todavía se manejaban con las pautas de la enseñanza «oficial» que les eran familiares. Lía Tummer (egresada de la primaria en 1964) recuerda, por ejemplo, haber estudiado del «Manual del Alumno Bonaerense» en los grados superiores. En cambio, Gerda Campodónico, que fue maestra de primaria entre 1964 y 1973, cuenta:

“No se usaba el manual del alumno ni otro libro que no fuera el libro de lectura de los colegios Waldorf ‘Der Sonne Licht’ y uno en castellano que, según creo, fue una adaptación de cuentos hecha en el colegio. Los chicos estudiaban de sus cuadernos de época y se amalgamaban los contenidos de la enseñanza Waldorf con el programa oficial”.

En 1959 egresa la primera promoción que termina la primaria. Son ocho alumnos. La señorita Kutschmann recuerda esa época:

«Ellos (los pioneros) querían hacer una escuela Waldorf, pero eran todos alemanes y en ese momento muchos chicos venían por el alemán. Durante muchos años el colegio permaneció con pocos alumnos, pero a partir de los años 60 fue creciendo. Mi séptimo grado (egresado en 1969) fue el primero que tuvo 25 alumnos. Hoy día, el idioma alemán es Fremdsprache, un idioma extranjero, ya no tiene la importancia que tuvo alguna vez, cuando la hora principal era en alemán.»

Durante las primeras décadas, el colegio subsistió y creció gracias a los importantes y permanentes aportes financieros de la señora Anne Lahusen, aportes de la Embajada Alemana y préstamos de Helmut Mahle. Anne Lahusen no sólo financió la compra de inmuebles para la escuela, sino también los viajes de perfeccionamiento de los docentes a Alemania (única manera en ese entonces de formarse en el método Waldorf) y la contratación de maestros Waldorf y euritmistas venidos de Alemania para dar clases regulares durante años.

Eli Lunde con su grado (ca. 1960).

Semblanzas biográficas de los fundadores

Ingeborg Knaepper

Eli Lunde

Herbert Schulte Kersmecke

Sra. Anne Lahusen

Agradecimiento

Queremos honrar la memoria de Ingeborg Knaepper, Eli Lunde y Herbert Schulte Kersmecke, quienes plantaron la semilla del primer colegio Waldorf en Argentina y en Latinoamérica y la regaron y cuidaron hasta convertirla en un vigoroso árbol. Sin ellos, ni nuestro colegio Rudolf Steiner ni los demás colegios Waldorf de Argentina, que de alguna manera brotaron de ese “tronco común”, serían hoy lo que son.
También queremos evocar con gratitud a todos los maestros, padres y colaboradores que con sus ideas, su amor y su esfuerzo contribuyeron a desarrollar el frondoso follaje de este árbol.

Grupo de docentes del colegio aproximadamente en el año 1965.

De izquierda a derecha, parados: Úrsula Arndt, Rosmarie Bollinger, María Loser de Csenger, ¿Verena Stefan?, señora Bollinger, Else Offergeld de Wölcken, Gisela Dull, Herbert Schulte Kersmecke, Annemarie Oehring. Sentadas: Ingeborg Knaepper, Eli Lunde, Sonia Llosaa de Ross.